Capítulo 5
- Ladynoell
- hace 6 días
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Un pequeño rayo de luz, llamado esperanza, asomaba por la ventana de su habitación. El cuerpo de su loba, desnudo, brillaba como nunca mientras ella dormía, bonito recuerdo para guardar.
El alfa se vistió y abandonó el lugar sin hablar con nadie. Los jóvenes lobos ya habían sido informados, y debían luchar bajo un costo incierto, al menos, para ellos.
Poco tardó en volver a esconderse el sol entre penumbra mientras Cassian merodeaba por un camino de piedras escondido entre la maleza del bosque, su rumbo era incierto, pero, sin embargo, sus pasos sabían perfectamente dónde lo estaban llevando: una perturbadora iglesia podía verse elevarse de entre los árboles.

Entró en ella con paso firme y frenó en el centro. Sobre él se alzaba una gigantesca cristalera de colores que cubría el techo dejando ver el firmamento; a sus pies, unos desgastados bancos de madera rodeados de flores frescas, se notaba que alguien seguía sintiendo devoción por aquello; los doce apóstoles a los lados, seis en cada extremo; y presidiendo, un Dios tallado en oro macizo con los brazos abiertos, suplicando por su pueblo.


El lobo respiró hondo y caminó hasta sentarse en uno de los bancos más próximos al Dios, cerró los ojos y comenzó un rezo, el mismo que repetía antes de cada batalla.
Cassian escuchó unos pasos en la lejanía acercarse, podía oler desde aquella distancia de quién se trataba, pues un lobo nunca olvida ni perdona, aún así, él continuó con su oración.
Un sacerdote, de aspecto desgastado, pero sin demasiada edad sobre sus hombros, al menos en apariencia, entra en el gran salón junto con un candelabro encendido, dando luz a cada vela del altar. Su paso era lento, no había necesidad de correr en aquella iglesia anclada en el tiempo.

-“Hacía mucho que no venías, hermano” -habló aquel hombre mientras dejaba el candelabro en un lateral y dirigía su mirada al lobo
Cassian lo miró, pero no dijo nada, tan solo dejó que el olor a incienso lo invadiera. Envuelto en una túnica, aquel hombre continuó:
-“Quizás busques confesión, expiar pecados antes del juicio final”
-“Quizás…” -murmuró el alfa mirando al gran Dios que los abrazaba para luego agachar la mirada, persignarse lentamente, y ponerse en pie.

-“Nunca imaginé volver a verte rezando, -continuó el sacerdote- y menos aún volver a verte en esta humilde iglesia”
Cassian retrocedió su mirada hacia él, en ella se veía cansancio, pero no le respondió de forma inmediata, un breve silencio los rodeó mientras las velas del altar se consumían lentamente.
-“Yo tampoco lo hubiera imaginado nunca… -le sonrió de forma sutil- pero como siempre me dijo, los caminos del señor son inescrutables, padre Tomás.”

Al escuchar su nombre, el sacerdote le devolvió la sonrisa y abrió los brazos mirando a su señor:
-“¡Tan dura es una condena eterna como una muerte lenta y dolorosa! -habló- Yo lo sé bien, Cassian, mírame, sólo busco su compasión…”


El lobo arrugó el ceño tras comprobar que nada había cambiado, sin embargo, no podía irse de allí.
-“Luchaste en nombre de Dios. Mataste en nombre de Dios. Alzaste banderas en nombre de Dios. Háblame, padre, tras tantos años de espera, ¿crees de verdad que sigue ahí?”
-“Hermano, -se giró al lobo con la mirada derrotada- si perdemos la fe, ¿qué nos quedará?”
El padre, cerró sus brazos y tomó asiento en una de las banquetas de madera, miró al alfa y éste fue junto a él, pero guardando cierta distancia.
-“¿Qué situación tan ambigua te ha devuelto a tu enemigo, verdad?” -preguntó irónicamente el sacerdote- tanta sangre derramada, ¿para qué?”
-“Un sacerdote jamás debería mentir, y un ángel menos, -sentenció Cassian- es por ello que Dios nunca te perdonará, vivirás eternamente encarcelado en esta iglesia, y puede, que al final de esta guerra, tu Dios te bendiga con el don de la muerte. -un breve segundo silenció al lobo para luego continuar- O quizás jamás lo haga. -lo miró ladeando su cabeza desde su asiento- Dime, padre, cuando ese día final llegue, ¿seguirá alzando corazones en su nombre?”

El padre Tomás elevó uno de sus brazos y lo posicionó como si de verdad sujetara un corazón en ese momento:
-“Nunca he dejado de sostenerlos, ¿lo ves? -le preguntó bajo la mirada del alfa- la sangre que bombea cae entre mis dedos y empapa el suelo de este templo. -el padre respiró hondo, él si podía ver lo metafórico hecho carne- Sé, licántropo, a lo que has venido.”
Cassian se levantó de forma defensiva.
-“No creas que por haberte aliado con el enemigo él te perdonará a ti también. No lo hará. -el padre se alzó también mientras la luz de las velas reflejaba unas alas rotas sobre su propia sombra- Caerás. ¡Tú y los tuyos estáis condenados a volver al infierno al que un día pertenecisteis! -gritó de forma desconcertante- ¡Ningún ser infernal merece vivir en el paraíso!”

Sus ojos brillaban dejando a un lado la luz tenue de la sala y Cassian reaccionó tensando el cuerpo y afilando ligeramente las garras en un acto instintivo, pero pronto todo se apagó. El padre cerró los ojos y al abrirlos volvía a ser él mismo. Dejó a Cassian de un lado mientras volvía a coger su candelabro para seguir con el mantenimiento de la iglesia, esa aura de hombre derrotado volvía a él.
En cierta manera, Cassian sintió culpa, hubo una época en la que la palabra de aquel hombre pesaba más que su propia vida. Sin decir nada, buscó la salida para abandonar aquel lugar, pero no sin unas últimas palabras:
-“Cuando todo acabe, volveremos a vernos en el infierno.”
Finalmente salió de allí y respiró hondo, “el infierno…” resonaba una y otra vez en su mente: “el infierno…”
“Aquel estandarte ondeaba con valentía sobre la colina mientras el fuerte viento trataba de tumbarlo. Debajo de él, un ejército de armaduras plateadas permanecía a la espera de una señal para poder blandir sus espadas. Los caballos relinchaban inmóviles mientras cargaban con el peso del acero. El sol se escondía lentamente por el horizonte para evitar presenciar lo que estaba por venir.
Aquellos hombres no eran santos, aunque con ellos cargaran cruces y la palabra de Dios: eran guerreros.
Frente a ellos estábamos nosotros, licántropos. La luna aún no había alcanzado su punto más alto, así que aguardábamos el momento clave, aunque poco a poco sentíamos las cadenas invisibles de su magia tirar de nuestros cuerpos.
Ese momento llegó, la luna llena brillaba gloriosa mientras comenzaron a sonar las trompetas. Esa era la señal.

Nuestros cuerpos se corrompían y deformaban dejando salir a las bestias de nuestras almas. Corríamos a la guerra. La tierra cedía ante nuestras garras mientras los caballos avanzaban con los guerreros desenvainando las espadas. Garras, acero, fuego y polvo, algo inevitable en el choque contra los vampiros.
Recuerdo el sudor caer de la frente de mis camaradas y el miedo que sus cuerpos me transmitían. Recuerdo los gritos de cada uno, clavados en mi mente de forma perpetua. Recuerdo mirar a mi alrededor y ver sangre, miembros amputados y pequeños órganos esparcidos por lo que antes era un campo verde. Recuerdo haber sido participe de todo aquello. Recuerdo haberlo disfrutado.
A pesar de ser superiores en número, acero y fuerza bruta, los vampiros contaban con algo de lo que carecíamos: la velocidad y su líder.
Durante toda la batalla lo buscaba con todos mis sentidos activos, pero era escurridizo. No sabría decir si prefería simplemente arrancar armaduras o es que me esquivaba evitando un mano a mano, pero al final de aquella terrible batalla allí estaba, frente a mí, con un porte y una armadura negra que incitaba a retroceder, pero yo lo deseaba y mi ego me lo pedía.
En un instante, me vi rodeado de su furia; sus afiladas garras desgarraban mi piel a una velocidad a la que me era imposible detectarlo, sentí mi final cerca ante la incapacidad de defenderme, sin embargo, algo cambió. Su velocidad comenzó a disminuir y con ella, aquella mirada de juez sentenciando mis actos. No… No podía permitirlo, ¿Quién era él para juzgarme? ¡Nadie! Saqué fuerzas de dónde pude y aplasté mi garra sobre su rostro, arrastrando su piel, desgarrando sus músculos.
Pero… ¿qué? Su joven rostro vino a mí, con cierta inocencia.
-“Debes coger la postura perfecta antes de atacar” -me decía Theodor entre muros mientras me entrenaba, yo me limitaba a mirarlo – “¡No me entiendes!” -se desesperaba porque no hablaba muy bien el idioma por aquel entonces- “Bueno, no importa, Cassian, tú imita mi cuerpo y sígueme”



Y eso hacía, imitar cada movimiento, entrenar con espada aunque un lobo no la necesitase.
-“Gracias”
Le decía con la boca pequeña y la mirada baja al principio sin saber pronunciar más palabras, a lo que él simplemente sonreía. Noche tras noche.
Muchas veces, al caer la noche aparecía con mala cara, y no decía nada, sólo buscaba un hueco dónde sentarse y perderse, y yo, descolocado y acostumbrado a su presencia, me sentaba junto a él.

-“¡No hace falta que me persigas!” -se enfadaba él solo al ver cómo perdía mis horas junto a él –“¿No ves que no soy buena compañía?”
Pero yo no me movía. Lo miré y sonreí mientras sacaba una manzana de una pequeña bolsita de tela que llevaba.
-“¿Has entrado al jardín prohibido de mi padre?”
Me preguntó sorprendido, aunque la sorpresa fue mía al verlo reír como alguien que aprobaba la travesura, y yo, hambriento, le di un bocado.
-“Mi padre dice que ese manzano es sagrado, y que incluso las antiguas escrituras hablan de él. Pero yo opino que sólo es un árbol y que puedes coger todas las que quieras”


Poco a poco, sin necesidad de grandes diálogos, se forjó un vínculo entre dos especies opuestas, pero ahora..
-“¡RETIRADA!”
Gritaban los sacerdotes al verse masacrados por los vampiros, mientras yo sólo podía ver el rostro deformado cubierto de sangre de quién un día llamé “amigo”.
Cassian salió de aquel bosque y regresó a la nueva ubicación donde estaba su manada y los vampiros. Entró por los túneles guiándose por los olores que percibía y llegó al salón principal dónde estaba Theodor mirando un antiguo tablero de guerra, y en su mano, una copa de vino.


El lobo entró sin pedir permiso y miró por encima aquello. Theodor respiró hondo y se sentó en el sillón con su copa en mano.
-“Es tiempo perdido, -habló el vampiro con la mirada incierta- sólo es una posible estrategia en una guerra que no sabemos ni dónde tendrá lugar, ni cuando se llevará a cabo.”
Bebió tras sus palabras y arrugó el morro. Cassian lo miraba con cierta melancolía tras todo lo acontecido.
-“¿No me ofreces vino?” -replicó al fin

-“¿Para qué? -Theodor lo miró con cierta sorpresa- Nunca lo aceptas.”
Cassian se acercó al vino y se echó una copa bajo la intensa mirada del vampiro, para después sentarse en uno de los sillones próximos al de Theodor.
El Dios lo observaba mientras bebía con cierta reticencia, pero después simplemente lo aceptó, probando nuevamente de su copa mientras se hacía el silencio entre ambos.
-“Bebe saboreando, lobo, -al fin rompió el silencio- esto no es cualquier vino. -miró su copa casi vacía y se levantó para coger la botella- Por ese gaznate de animal salvaje que tienes no entra ni más ni menos que el valiosísimo Romanée-Conti, un lujo que seguramente no vuelvas a probar en tu vida”
Theodor rellenó su copa y Cassian rió por aquello, no era un chiste ni pretendía serlo, pero le nació expresar cierta alegría ante una conversación tan irrelevante.
-“He probado vinos de cartón que saben exactamente igual que éste…” -se burló el lobo
Theodor arrugó el ceño y sin darse cuenta se vieron envueltos en la conversación más ridícula que seguramente hayan tenido, pero algo en ellos comenzaba a estar “bien”.




Vale...ahora me has creado muchas necesidades. Quiero saber que le pasó al cura para estar encerrado de por vida en esa iglesa (que por cierto, me ha encantado) Quiero saber que le paso al angel para estar en el cuerpo de un cura y ser inmortal y no poder morir...O bueno, eso entendi. Que en mi cabeza, los angeles no tienen cuerpo como tal, si no que son etereos y necesitan un recipiente para poder "materializarse" Pero es como esta en mi cabeza.
Por otro lado, necesito la historia del pasado de Cassian y Theo, siendo maestro y alumno...O sea, no puedes escribir estas cosas y luego dejarme con los dientes hasta el suelo...Y quiero saber que paso para que…