Capítulo 2
- Ladynoell
- 6 may
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La noche era fría, sombría, con cierto tono misterioso. Un pequeño búho, subido a una de las ramas de un árbol ululaba constantemente, haciendo que el vampiro supremo chirríe sus colmillos consumido por los nervios y la rabia. “Uh-uh” decía una y otra vez, Theodor apretaba sus puños intentando contenerse y caminaba lentamente. Pero por mucho que se alejaba seguía escuchándolo. “Uh-uh” ululaba. De repente, sus pies se detuvieron, sus puños cerrados se abrieron afilando sus garras, su mirada perturbada tenía un brillo macabro, giró su mirada hacia el búho, y éste capto el mensaje, pues abrió sus alas y se marchó de aquel lugar, Theodor entonces cerró sus ojos y respiró profundo, volviendo a un estado de normalidad.

Siguió caminando hasta que llegó a las ruinas del antiguo castillo de su padre, frenó frente a ellas, inerte, agachó la cabeza y cerró sus ojos nuevamente. Otra vez la rabia le consumía por dentro, aquella rabia que hacía que ardieran sus entrañas y se retorciera por dentro. Una parte de él podía sentirla, estremeciéndose en su cárcel, llena de ira, deseosa por salir… Podía sentir el alcance de su poder y eso le llenaba de miedo e incertidumbre, pues hasta la fecha, sólo ha habido un único ser más poderoso que él, su padre.
-“Ojalá me hubieras cedido a mi tu gema…”- susurró, mientras las columnas derruidas, majestuosas antaño, lo hacían sentirse pequeño entre los escombros y los fantasmas de su niñez.
-“Sabía que te encontraría aquí”- dijo una voz grave tras él
-“Y yo sabía que estabas cerca, los lobos tenéis la respiración demasiado fuerte como para pasar desapercibidos…”- contestó el vampiro al alfa
El silencio de la noche se interpuso entre ambos, denso, casi tangible. La tensión era evidente, aunque una sombra de respeto, y un recuerdo de confianza pasada, aún latía entre ellos.

-“No entiendo porqué vienes aquí, -habló Cassian rompiendo el silencio- noche tras noche, envolviendo tus recuerdos entre pesadillas y dolor…”
-“Yo también me pregunto lo mismo, sin embargo, cada noche, mis pasos me llevan hasta este escalofriante lugar… -un atisbo de cordura recorrió el cuerpo del vampiro, haciendo que su piel se erice, el lobo era consciente de todo. Luego, una sonrisa amarga deformó el rostro del vampiro- Tal vez... en el fondo, tú también regresas a este lugar porque los recuerdos y tus actos te quitan el sueño. ¿Me equivoco?” —preguntó, con la mirada fija en los ojos del alfa.
Cassian caminó unos metros, adentrándose un poco más en aquellas ruinas, dejando al vampiro a un lado, para entonces hablar:

-“No me enorgullezco de mis errores, y te aseguro que he pagado bien caro el precio por cada uno de ellos” -el alfa seguía caminando, para él aquel lugar también estaba repleto de recuerdos, para él aquel lugar fue el comienzo de todo.
-“Supongo que no has venido hasta aquí para que hablemos de nosotros, -interrumpió el vampiro con un tono gélido- de cómo me traicionaste e intentaste después acabar con nuestra especie; o de cómo os dejasteis engañar por esos malditos sacerdotes, embusteros y cobardes; o de cómo casi acabáis al borde la extinción… Oh! -expresó con entusiasmo de la nada- Quieres qué hablemos del hijo de Godfrey? Te llama padre?...”
El tono de burla era más que evidente, un tono que el lobo no iba a consentir. Sus miradas se cruzaron, a cada cual peor. En sus pupilas podía distinguirse el fuego, la ira, la cólera… Pero también la añoranza. El aire que soplaba simulaba ser un gran cuchillo afilado, pues la tensión entre ambos era notoria. Garras afiladas, colmillos dispuestos a una confrontación inmediata, pero algo los detuvo, dejándolos inmóviles en sus puestos.
-“Nazareth”- retumbó como eco en las mentes de ambos bajo una voz femenina, firme y escalofriante. Aquel eco, no solo retumbaba en sus mentes, también lo hacía sobre las viejas y destruidas columnas del castillo. El aire lo arrastraba por cada rincón.

-“No vais a pelear ahora” – tanto el lobo como el vampiro giraron la cabeza, viendo como la gran Artemisia se mostraba entre la maleza que crecía en cada rincón de aquel lugar. No alzó la voz, ella no lo necesita para crear penumbra y ser el centro de atención. Su capa negra se ondulaba por aquel viento afilado y sus ojos, claros como la luna, se clavaban en el ego de ambos líderes- Parecéis niños perdiendo la cordura bajo un manto de orgullo y heridas pasadas… ¿Creéis que este es el camino correcto? Luchar eternamente entre vosotros a la espera de que uno caiga al fin, y ¿luego? - su mirada seguía acechando sin perder la cordura- ¡Yo os diré que pasará luego! Sauron ha encontrado una poderosa llave para abrir la jaula de Nazareth, ella saldrá e impondrá su propia justicia, dejará que el infierno devore cada ser, encadenará a los supervivientes y os obligará a arrodillaros ante ella… -el silenció tiñó en ese momento cada muro de aquel inhóspito paraje, y, tanto Theodor como Cassian, agacharon la cabeza con resquemor, cada uno envuelto en su propio mal, consumidos por sus propios demonios- Sauron es peligrosamente libre, y eso lo hace poderoso. Junto a él viaja una bruja, y con ellos, la llave.”
Theodor, tan arrogante como de costumbre, arrugó el morro y torció la cara. Sentía en el corazón como ardía cada palabra de la bruja. Cassian, al contrario que su rival, sí habló:
-“¿Qué o quién es la llave?” -preguntó
Artemisia, miró a Theodor, y bajo una perturbadora sonrisa continuó.
-“ Siempre has tenido en tu clan a aquel que conocía su existencia, pero tu arrogancia y tu hambre de poder te han cegado.”

Sólo entonces Theodor volteó su mirada hacia la bruja, con los ojos abiertos como platos y una mirada incrédula ante lo que su mente podía imaginar. ¿Alguien de su clan? ¿Godfrey? No… Godfrey no podía ser, él siempre ha permanecido a su lado, le es fiel incluso en los momentos más difíciles, ¿entonces?... Un escalofrió le recorrió, expresando un gesto de desagrado, una mueca sonora rompió el silencio. –“Miguel…”- chirrió entre dientes.
-“Aquí os trae una alianza, -continuó Artemisia- no espero una nueva amistad, ni siquiera espero lealtad entre vosotros, pero sí espero supervivencia. La amenaza es real, y no discrimina, ¿queréis una oportunidad? Aquí la tenéis, ahora decirme, ¿la vais a aprovechar?”
Cassian gruñó ante las palabras de la bruja, pero el lobo era sensato, miró al vampiro y sin decir nada, extendió su mano. Theodor lo miró, observó cómo le ofrecía su mano y dio un paso al frente.
-“La traición es sentencia de muerte -miró al lobo fijamente a los ojos y apretó su mano sellando un pacto- no lo olvides, esta alianza es sangre y fuego”

-“Una alianza a base de sangre, dime, vampiro, ¿cuánto puede durar?”-habló Cassian sin quitar su mirada hambrienta de odio de un Theodor imponente
-“Lo suficiente para ver arder a Sauron… Lo suficiente para no permitir que esa jaula se abra jamás.”
Todo estaba dicho. Tras aquella alianza, una bruma sombría envolvió a la bruja desapareciendo en la oscura noche, dejando a Cassian y Theodor solos, ninguno se sorprendió, su trabajo había finalizado aquella noche.
-“Reúne a tu manada, lobo,-ordenó firme el Dios- las noches cada vez son más largas, aún así, necesitamos un lugar de reunión, una guarida.”

-“¿Hablas de…?” -expuso el alfa haciendo conocimiento de dicho emplazamiento
-“Bajo estas piedras se encuentra la auténtica fortaleza que un día nos mantuvo a salvo. Nosotros los vampiros no podemos caminar bajo la luz del sol, y estos túneles, no sólo nos van a mantener a salvo, sino que también vamos a tener acceso a toda la ciudad”
-“Sabía de su existencia, pero ignoraba que su espectro fuese tan amplio… Ahora entiendo muchas cosas…” -confesó el alfa recorriendo con la vista cada centímetro del suelo, como si supiera el recorrido que éste hace, y recordando pequeñas anécdotas vividas, irrelevantes en este momento, pero nada más había por decir y la alianza estaba clara.
Ambos líderes organizaron en los días venideros a los suyos, haciendo hincapié en aquella unión, dejando claro cuál debía ser el principal objetivo de aquello. Nadie celebró nada, no era una situación cómoda, no lo hacían por gusto. Los gestos, las miradas, la incertidumbre y la desconfianza se sentía en cada integrante, dos especies enfrentadas durante siglos, arrastrando odio y tensión, especialmente por parte de la joven manada, pero… habían más opciones? No, eran órdenes cargadas de necesidad.
La tan esperada noche llegó.


Los pasos de cada miembro retumbaban en el suelo como si de un terremoto se tratara, firmeza mezclada con la necesidad de mantener una calma inquieta. Unas largas escaleras bajaban escondidas entre los escombros y la maleza, y al final, mil túneles conectados entre sí. Theodor contemplaba cada rasguño de aquellas paredes, talladas en la más dura roca, y caminaba, todos tras él sin dirigir palabra. Godfrey buscaba con la mirada a su hijo entre la manada, pero no era correspondido, ya que el joven lobo chirriaba los colmillos junto a Rudy mientras negaba su existencia haciendo un vacío evidente. El vampiro era consciente, solo le quedaba suspirar.


Tras un largo recorrido, entraron en un salón cubierto de polvo, alimañas y trastos inservibles.
-“Qué decepción…” -murmuró Theodor al ver el estado de dejadez de lo que antaño era algo glorioso. Se volteó y miró a los suyos, y de fondo a un alfa guiando a su manada bajo un único pacto sin un final claro.
Godfrey seguía buscando un mínimo contacto con Viggo, algo que le permitiese dedicarle al menos una sonrisa, un gesto, una necesidad de cariño… Siempre en vano. Miguel se acercó a una de las vitrinas allí presentes y le dio un toque a un delicado jarrón cubierto de polvo y telarañas, con la mala suerte que este, en ese estado tan deteriorado se quiebra y rompe, interrumpiendo el silencio incómodo que los rodeaba. Los cristales cayeron sobre el suelo y la base terminó de explotar en mil pedazos junto a los pies de su verdugo, y éste, solo arrugó el morro y rodó los ojos.


-“¡Basta!”- alza la voz Theodor imponiéndose mientras Miguel le lanza una mirada y Godfrey se lleva las manos a la cabeza resoplando tras ver como los cristales se esparcían por la sala.
-“Eso, agáchala bien…” -replicó Viggo entre dientes dejando un leve sonido para que su compañero de risas y batallas lo escuche,

aunque no es el único, Godfrey reacciona mirándolo, y dando un paso al frente, a lo que Cassian responde en silencio como alfa poniéndose delante de sus jóvenes lobos.
Con apenas unos centímetros de distancia, la diferencia entre el alfa y el vampiro era bastante reveladora, cualquiera se quebraría ante un lobo de casi dos metros, pero Godfrey no, Godfrey ya lo había perdido todo, su única razón de existir la tenía frente a él y el odio en su mirada era lo único capaz de destruirlo.… Una voz dulce y femenina pronunció su nombre –“Godfrey…”- era Ania, situada justo al final de cualquier jerarquía existente en el clan, pero como vástaga del vampiro sentía el dolor de su creador…
Con firmeza, Theodor apoyó su mano sobre el hombro de Godfrey sin apartar la vista de Cassian, aportando autoridad. –“No es el momento… No es el lugar” -frase dirigida no sólo a su vampiro, sino también a los lobos. Cassian asintió aunque no se movió ni pestañeó, la tensión aún era palpable.
Rudy miró a su hermano y pudo ver dolor, pudo ver como Viggo apretaba fuerte los puños y aguaba sus ojos, la voz de Ania fue algo fulminante para él. Dio media vuelta y salió corriendo de aquella habitación bajo un grito de angustia, de rabia, de impotencia… Tanto Rory como Lou se giraron para ir tras él pero Elías los frenó, era su dolor, algo inevitable, debía aceptarlo y calmarse primero.
Corría por aquellos túneles sin control, perdido, hasta que al fin encontró las escaleras que subían a la superficie, allí respiró hondo. La brisa de la noche golpeaba su fino rostro y su mirada se escabullía en aquel entorno, la luna brillaba y endulzaba con su luz sus tristes ojos, dejando una lágrima brotar sin ningún control.

-“No me gusta verte así…” – susurró aquella dulce voz que ya no le pertenecía

-“¿Te dio permiso para ir tras de mi?... Supongo que ahora lo necesitas… -Viggo la mira de reojo y Ania sonríe acercándose a él de forma melancólica y negando con la mirada
-“No lo entiendes, Viggo… -le coge las manos y levanta su mirada- Él no es como tu crees… Es bueno… Noble… Su mirada se ilumina cuando alguien pronuncia tu nombre… No te conoce y sin embargo te ama…

Viggo aparta la mirada bajo un gruñido, aunque una parte de él simplemente se dejaría querer.
-“Está bien, como quieras, -le dice la joven respetando su espacio- pero… Solo necesito que sepas algo… Yo estoy bien… -le sonríe rota mientras un ligero temblor recorre su mandíbula- me cuida y jamás dejaría que nadie me hiciese daño… Igual que harías tú… -traga saliva y continua con la voz mas quebrada que al principio- Ahora entre nosotros no puede existir nada, soy consciente de ello, las especies no se mezclan, pero te quiero, Viggo, anhelo tu felicidad, y sé que por ella pasa tu padre, solo piénsalo…”




Bueno, para empezar. Me hace muchisima ilusion que hayas vuelto a escribir y a retomar la historia. Siempre regresamos a donde una vez fuimos felices y eso se nota.
Por otro lado, joder tia, casi podia palpar desde mi pantalla la tirantez y la tension de este capitulo. Debo decir que me sorprende y al mismo tiempo me alegra, que entre las manadas haya una tregua...o algo parecido a eso, pero al menos si juntan fuerzas unos y otros, las cosas no pueden ir tan mal (aunque sabiendo como eres, espero de ti de todo menos finales felices)
Me ha dado mucha pena tanto Godrey como su hijo...porque puedo llegar a entender las dos partes, pero como madre que soy,…