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Capítulo 4

  • Foto del escritor: Ladynoell
    Ladynoell
  • 15 jun
  • 10 min de lectura

-“Dime, niña, ¿cómo te encuentras hoy?” -preguntaba Sauron mientras entraba tranquilamente a la jaula de Tecna a acomodarla.

Bajo sorpresa de la pelirosa, le llevó una manta, un cuenco con comida caliente y vació el orinal, pero Tecna no habló, apenas lo miró de hecho. Se levantó y frente a Sauron, dio un golpe al aluminio que contenía la sopa, derramándola por el suelo.

-“Limpia eso también” -le dijo con asco

Sauron sonrió. Aquella sonrisa resultaba perturbadora en un ser tan miserable. Pero así fue, sin decir nada lo limpió y salió de la jaula, cerrándola tras él. Caminó hacia la salida, pero algo lo detuvo, dio media vuelta y miró a la joven.

-“Podemos hacer esto por las buenas, o por las malas. -cruzaron miradas intensas- Estos días he estado teniendo mucha paciencia contigo, pero todo tiene un final. Recuérdalo.”

El vampiro respiró hondo, no por paciencia, sino porque había olvidado algo. Volvió a la jaula de la joven y sacó algo de su bolsillo, una rosa roja, preciosa, recién cortada, aún podía verse una pequeña gota de savia caer de su tallo, al igual que las espinas, afiladas como sus uñas, y la dejó sobre la manta limpia y bien doblada.

-“Pasa un bonito día.” – volvió a sonreír para ahora sí, salir de allí.

La bruja lo esperaba a las afueras de aquella cárcel y el vampiro se acercó sereno con el cuenco de la sopa vacío.

-“¿Ha comido?” -preguntó ella

Pero Sauron negó sin abrir la boca, dándole el cuenco a ella mientras ésta suspiraba con cierto agobio.

-“Si no quiere comer, yo la obligaré. -dijo en tono serio- ¡A este paso se nos muere antes!”

-“Shh… -la calló el vampiro dirigiéndose al rosal donde antes cogió la rosa- Observa, ¿qué ves?”

Pero la bruja no veía nada.

-“Exacto, tú no ves nada, porque no estás mirando con el alma. -la calma lo acompañaba- Ella es una rosa a la que hay que cuidar y regar a diario, no olvidarla. Ella es bella, delicada, pero como cada rosal, debe arraigar de forma correcta para vivir, ¿no crees? -Sauron se acercó y olió una de las rosas mientras cerraba los ojos y se deleitaba- Esa chica huele tan bien… Su sangre es… tan tentadora…”

Amonute cerró los ojos e ignoró como el vampiro se excitaba por aquel olor, para luego volver a hablar:

-“Llevamos días aquí, inmóviles, deberíamos movernos, ese era el plan. -sus palabras llevaban verdad- Si continuamos perdiendo el tiempo podrían encontrarnos, y lo peor de todo, podrían llevársela. ¡La estarán buscando!” -dijo algo desquiciada ante la pasividad de Sauron

Sauron no dejaba de mirar aquella belleza, por un segundo cerró los ojos y algo pasó por su mente, algo que lo hizo sonreír.

-“He tenido una revelación, Amonute, ella me ha hablado. -apartó su cuerpo del rosal y miró las estrellas abriendo los brazos al infinito- Sabe que la busco, ella lo sabe. Y yo… -suspiró hondo- Yo me siento honrado y bendecido. Me ha mostrado una corona cubierta de sangre de nuestros enemigos. Una corona para mí… Para sentarme junto a ella como su rey y para gobernar en este patético mundo”

La bruja miró al cielo, exactamente en la misma dirección que el vampiro, intentando buscar la misma revelación, pero no había nada, tan solo un bonito manto de estrellas.

-“Yo sé -prosiguió Sauron- que tu propósito es distinto al mío, tú sólo buscas el poder de Artemisia, pero pronto verás lo mismo que yo, y entonces, te darás cuenta que el poder no importa siempre que ella exista.”

-“¿Entonces?” -se apresuró la bruja

-“No tengo intención de moverme, espero sus órdenes, ella me guiará.”

Amonute abrió los ojos y lo miró directamente sorprendida.

-“¡¿Mataste a todo el clan para poder movernos con más sigilo y ahora esperamos órdenes?! -alzó la voz- ¡Esto no es racional!”

Sauron baja la mirada hacia la bruja y cambia su gesto, aportando autoridad y orden:

-“¿Quieres poder? Confía. ¿Quieres huir? No te voy a detener, ya no te necesito, ahora la tengo a ella.”

La bruja quedó en silencio, podría irse y abandonar esta locura, pero algo por dentro la movía, algo llamado poder.

-“No busco huir, si Artemisia cae, heredaré su don. -reflexionó- Y sólo es posible su destrucción con Nazaret.”

-“Bien. -concluyó Sauron- Entonces prepara más comida para nuestra huésped, en algún momento tendrá hambre.”



Escondidos entre la roca tallada bajo unos extensos túneles, el nombre de la joven pelirosa seguía presente, no solo en la mente, sino en el habla de los integrantes de aquella alianza.

-“No es posible… -soltó aterrado John tras las palabras de su alfa contándole lo ocurrido con Tecna. Su corazón se detuvo y sus ojos se aguaron. En aquel momento su vida, su alma, y su propio corazón se vieron sumidos en una tristeza inmensa. Gritó con todas sus fuerzas bajo la mirada apenada de su líder- ¡Todo es su culpa! ¡Todo!” -voceaba envuelto en ira.

Cassian lo miraba y era incapaz de mantener la vista en un único punto, acababa de pedirle que no se dejara llevar, que no saliera a buscarla, que debía ser fuerte por la manada, y lo más doloroso, le había prometido que la encontrarían sin ser una verdad certera.

Por un segundo el alfa sintió temor, ¿acaso él no iría al fin del mundo a por su amada loba? Claro que lo haría, rompería alianzas y promesas, todo por ella, y aun así, le estaba pidiendo a John exactamente aquello que él jamás podría cumplir. Por ello, el sufrimiento del lobo era más profundo y palpable.

Las paredes retumbaban por el dolor de John, y poco a poco empezaron a saborear la sangre del lobo, que, sin percatarse de su propio dolor, dejó que descendiera también entre sus dedos empapando todo a su paso.

El eco de la sólida roca se transmitía por cada rincón del lugar, Miguel apretó los ojos sintiendo la misma culpa desgarrarle por dentro, como si del propio lobo se tratase, y se echó las manos a la cabeza, envuelto en culpa. Por un instante, el vampiro lloró, dejando que unas lágrimas caigan rodando lentamente por sus mejillas.

Pero no, aquello debía parar. Aquella culpa no le pertenecía, no iba a cargar con algo así. Caminó por aquellos pasillos, sin mirar atrás, mientras el eco de John hacía tambalear cada pilar, hasta que llegó al exterior, allí, pudo respirar.

Miró la hora en el reloj de su muñeca, ya debería haber asomado el alba, sin embargo, sigue oscuro, lo que hacía que en el interior de aquella guarida siguieran todos un poco expectantes sin decidir qué hacer, pero Miguel lo tenía claro.

Se alejó de aquella zona lo suficiente para olvidarse de todo, y acabó deambulando por las proximidades de un pueblo colindante. Un pequeño caminito cerca del río guiaba sus pasos separando naturaleza de urbe. El vampiro se detuvo y apoyó su cuerpo sobre la baranda mientras observaba el mundo pasar. La gente de la zona hablaba, temerosa por la falta del sol, y el anómalo frío que los acompañaba, cuando una voz lo sacó de ese trance.

-“¡Ey!” -le gritó con entusiasmo aquella joven que conoció en el bar mientras se acercaba y se apoyaba justo al lado de él

Miguel ladeó la cabeza para verla y arrugó el ceño algo sorprendido.

-“No me has llamado, -siguió Aura contoneando su cuerpo sin cesar con cierto descaro- pero me alegra verte de nuevo, Miguel… -ella sonrió descarada- Menuda casualidad, ¿no crees?”

-“¿No tienes colegio?” -preguntó el vampiro tras darle un repaso a la joven y ver una mochila llena de llaveros sobre sus hombros.

Aura se bufó inmediatamente, pero reculó acercando un poco más su cuerpo al vampiro manteniendo aquel descaro inicial.

-“¿Importa eso? -preguntó la joven bajo la mirada vigilante de Miguel- ¿Porqué no me invitas a una copa? Estoy disponible para una… o dos…”


“Igual que la primera vez que la vi, noto como bombea cada vena de su cuerpo, especialmente la del cuello. Fijo mi mirada en ella y olvido el resto, relamiendo mis labios y despertando algo dentro de mí. Tan pura… tan accesible. Una vez más roza su cadera con mi cuerpo a través de sus movimientos. No despiertes algo de lo que no podrás huir, niña… Miro el cauce del río y cierro los ojos. De repente, noto un bienestar invadir mi cuerpo mientras me relamo las últimas gotas de sangre de entre mis colmillos, y junto a mí, el cuerpo de Aura inconsciente. No, no está muerta, pero el juego era peligroso y ella se quemó.

¡Cómo explicar aquel sabor tan puro! Supongo que no puedo, no tengo palabras que expresen aquello que tan difícil es obtener.”


Miguel se incorpora y saca un cigarro mientras las 4 paredes de aquel motel le rodean, aquellas que todo lo ven, pero están condenadas a callar. Poco a poco la joven va despertando sintiendo un ardor penetrante que la consume desde el cuello, incómoda, lleva una de sus manos a la herida y ve sobre las yemas de sus dedos su propia sangre, esto le hace temblar. Incorpora su cuerpo con cierto temor sin quitar la vista de su mano, entonces lo ve a él.

Nerviosa, se apoyó para levantarse y tomó en cuenta un detalle: aún llevaba puesta su ropa.

-“Yo… -dudó- no recuerdo nada.”

Tras una intensa calada, Miguel se volteó mirándola, con cierta sonrisa perturbadora habló:

-“¿No era lo que buscabas?”

Pero Aura calló, sabía perfectamente qué era Miguel y qué implicaba acercarse a él, sin embargo, lo hizo. No pensó.

-“Yo pensaba que buscabas otra cosa…” -dijo encogida de hombros con cierto dolor

El vampiro, apaga su cigarro sobre el tablero de madera, sin importarle si arde o no, y se acercó peligrosamente a ella. Rodó su lengua sobre la herida ya abierta en el cuello y gruñó de placer.

-“No puedo darte lo que buscas, -le susurra en el oído de forma cautivadora- porque ese sabor… cambiaría.”


Sin mucho más que añadir, acarició la mejilla de la joven mientras separaba un pequeño mechón de pelo negro que caía sobre ella. Aura suspiró bajo cierta influencia y buscó su reflejo sobre el cristal del tocador, ahí estaba ella, ahí estaba toda la habitación, pero ni rastro de Miguel, devolviéndola a la cruda realidad.

El vampiro notó el trance por el que estaba pasando la chica así que no pudo callar:

-“No me busques a través de objetos, mírame a los ojos y haz algo por mi… -sus palabras encandilaban a Aura y la pobre sólo podía asentir- tu sangre, es tan única… -suspiró confuso mientras miraba a la joven- no dejes que cambie…”

Así habló y no dudó, recogió sus cosas y se dirigió a la salida, cuando una valentía propia de Aura arrancó como despedida:

-“Si lo hago, será porqué volverás a buscarme, ¿no?”

Miguel sonrió, y salió de allí.


Poco a poco la luz del sol asomaba, pero de forma muy sutil, de seguir así, ¿cuándo dejaría el sol de aparecer definitivamente? Aquellos pequeños rayos de esperanza iluminaron los ojos de Cassian, que, tras el horror vivido con John, necesitaba recuperarse emocionalmente.

Caminó hasta su furgoneta, sucia y vieja, y condujo hasta su hogar. Allí le aguardaban los lobos recién convertidos y su mujer.

Mantuvo la calma mientras habló con su manada, les explicó qué estaba ocurriendo, ya que andaban inquietos por todo el contraste ambiental, pero claro, había algo que no podía quitarse de la mente, una conversación con su ahora aliado…


-“Insuficientes… -sentenció Theodor frente al alfa en un entorno más íntimo - Son insuficientes y lo sabes”

-“No somos más, el resto no están preparados y no voy a poner en riesgo a las hembras.” -respondió el alfa

-“Aquí no importa no estar preparado, necesitamos una avanzadilla, necesitamos sangre.”

Cassian arrugó el ceño y plantó cara al vampiro de forma seca:

-“No voy a sacrificar a los pocos lobos que tengo. -negó con la mirada fija en los ojos de Theodor dejando que un leve silencio rompa la armonía de la conversación- La mayoría no tienen ni un ciclo lunar.”

-“¿Eso importa? -apuntó el vampiro abrazando después el silencio- No serás el único que tome esa difícil decisión, los míos también caerán, sólo hay que elegir bien a los que condenamos. – se separó unos metros, y con autoridad, llenó dos copas de vino, tomó una y la bebió, mientras el alfa negó tomar la suya- Dime, Cassian, los lobos que has traído, los tratas como hijos, supongo que lo son, ¿los condenarías a ellos o a la carnaza que no sirve?”


-“¡Cassian!”

La voz de Kayla devolvió al lobo rompiendo ese incómodo silencio. El alfa reaccionó mirándola con cierto terror, y sin responder, huyó dejando atrás a la manada y cerrando tras de sí la puerta de su dormitorio. Al fin había entendido las palabras de Theodor. La loba lo siguió.

-“Cassian… -habló preocupada- Conozco esos ojos, esos gestos… ¿qué ocurre?”

Pero el lobo no abrió la boca, se acercó a la ventana y miró atreves de ella.

-“Puedes confiar en mí, amor.”

Tan grande, tan bruto, tan feroz, y a la vez tan débil… Así se sintió Cassian al escuchar a su loba, aquella mujer que le había despertado un sentimiento tan profundo en su corazón. Sus cuerpos se juntaron, quedando uno frente al otro y la mirada del lobo se rompió, dejando a flor de piel sus sentimientos:

-“No puedo hacerlo contigo, tú no. -su voz se quebraba- Huye de aquí, vete lejos, escóndete.”

Kayla tragó saliva con el corazón encogido, levantó su mano y tocó el pecho del lobo, notando el lugar exacto donde se rompía su voz:

-“Esa decisión no es tuya. -ahora era su voz la que decaía por segundos- Yo te elegí a ti, mi grandullón… -sus ojos lloraban en silencio empapando su visión- No me pidas ahora esto, por favor…”

No hacía falta más, Cassian se derrumbó abrazando a su loba dejando que el dolor que lo apenaba al fin fuera algo visible. Le costó mucho llegar a este momento, y ahora simplemente no podía parar.

-“Es una guerra sin final feliz, Kayla, -le costó hablar pero al fin pudo- quizás ninguno regresemos… -las lagrimas del alfa caían sin control sobre la joven- quizás yo no regrese… Sálvate, te lo ruego”

-“No quiero irme… -dijo la loba quebrada tras unos segundos de pausa- Pero… -suspiró- Lo haré si me prometes algo…”

Cassian la miró mientras procesaba sus palabras.

-“Regresarás a mi, -continuó ella- no importa cómo o cuánto tardes, volveremos a encontrarnos… -apoyó sus manos sobre la cara de su hombre hablándole firme, como la persona fuerte y madura que siempre fue- te voy a estar esperando, una o mil vidas, lo haré.”

El lobo respiró hondo, observándola como si intentara guardar cada detalle de ella en la memoria, como si ese instante pudiera ser el último. Aun así, le dedicó una sonrisa breve, apenas visible, pero suficiente para sostener la promesa entre ambos.

Kayla lo entendió, y sin pensarlo mucho, besó de forma tierna a aquel grandullón para dejar paso a los actos. 


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1 comentario


Betts Sims
Betts Sims
18 jun

Aqui estoy!! Madre mia, que de emociones en este capitulo, nena.

Para empezar, Miguel (es que no podia ser de otra manera) Es egoista como el solo, porque solo la quiere pura para su propia conveniencia, pero eso ya lo sabiamos, Miguel es interesado...ahora y siempre. Pero, joder, que macizo es 😍


El pobre Jhon me ha dado muchisima pena cuando se ha enterado de lo de Tecna, hasta casi he podido sentir su dolor. Y a ver, Theo tiene razon en una cosa, no puedes sacrificar a los buenos en esta guerra...Y mira que a veces le pegaria por lo cabron que es, pero creo que esta vez tiene razon..O no, pero al menos el lobo le hara caso,…

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Cuento historias a través de ellos.

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